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Taller sobre Transformación Digital para el emprendimiento



El pasado viernes 30 de noviembre, nuestro compañero Alberto Periáñez, Coordinador de Desarrollo, participó en las actividades de la Cátedra Andalucía Emprende, que organizó la Universidad Pablo de Olavide, impartiendo un taller sobre transformación digital para el emprendimiento. Estas son algunas de las ideas que surgieron en el taller, que se dividió en tres seminarios:

Seminario 1: Transformación Digital

Suena el despertador, como todos los días. Te levantas, y te haces un café. Pero notas algo distinto. Hay cierta tensión en el ambiente. Silencio absoluto, ningún vehículo en la carretera. Al encender la televisión descubres lo que está sucediendo. Informan en las noticias de algo alarmante. Un meteorito de grandes dimensiones se dirige hacia la Tierra sin posibilidad de esquivarla. El planeta desaparecerá en menos de dos años.

Sin embargo —informan— existe una opción para la supervivencia. Han descubierto un planeta cercano, compatible con la vida humana, y tenemos la tecnología suficiente como para trasladarnos a él, e iniciar una nueva vida. Ahora bien, este nuevo planeta funciona de forma completamente diferente a lo conocido aquí. Las leyes físicas son distintas, las creencias divergen, las tradiciones, comportamientos o las relaciones causa-efecto son discordantes con respecto a lo vivido.

Si aplicamos en el nuevo mundo las normas y comportamientos que siempre hemos utilizado, moriremos allí. Si nos quedamos en la Tierra, moriremos aquí. La única opción que existe es la adaptación. Un proceso de transformación para sobrevivir en el nuevo planeta. El planeta digital.

En este seminario tratamos lo que significa realmente la Transformación Digital y el porqué de su existencia. Hablamos sobre cómo impacta en todas las áreas de la compañía, y por qué las personas suponen la principal clave del éxito durante este proceso.  


Seminario 2: Capacidad Adaptativa

Para la supervivencia en el nuevo mundo necesitaremos transformarnos. Una transformación primero personal, y luego digital. Para ello, será necesario el desarrollo de una habilidad definitiva. Aquellos que la posean, podrán efectuar el proceso de transformación. Los carentes de esta capacidad no podrán continuar con vida. Es la capacidad del futuro, la habilidad del nuevo mundo. Es la capacidad adaptativa. A mayor capacidad adaptativa, mayor habilidad para la transformación.

La capacidad adaptativa vive en el marco de dos parámetros: la sensibilidad y el ambiente contenedor.

La sensibilidad es el nivel de cambios en el entorno a partir del cual nos sentimos incómodos, percibimos un desequilibro, notamos cierta tensión. El ambiente contenedor es la capacidad de tolerar la tensión generada por los cambios internos acometidos para la transformación.

Aunque la sensibilidad de Apple era muy alta a finales de los 80 y por tanto Jobs sentía y detectaba los cambios y necesidades que se daban en el entorno, la compañía no disponía de la capacidad suficiente para contener el nivel de desequilibrio generado por Jobs en su intento por adaptarse. Fue despedido.

Aunque HP era altamente sensible ante los cambios externos, donde predominaba la innovación y el crecimiento de Internet, la compañía no contuvo los cambios internos ejecutados por su Ceo, Carly Fiorina, a principio de los 2000. Fue despedida.

En general, el incremento de la sensibilidad exige el fortalecimiento previo del ambiente contenedor. El uno sin el otro conllevará el fracaso y por tanto la transformación será imposible. Una dosis perfecta de ambos ingredientes —sensibilidad y ambiente contenedor— llevará consigo el aumento de la capacidad adaptativa, una habilidad que transformará no solo una persona, sino una organización completa.

En este seminario comentamos las actividades que se pueden desarrollar para el incremento de los dos componentes de la capacidad adaptativa: sensibilidad y ambiente contenedor, e hicimos un ejercicio práctico que ayudó a interiorizar este concepto.
 

Seminario 3: Emprendiendo en la era digital

¿Conduces? Yo sí. Y la verdad, debo reconocer que me costó decenas de clases prácticas antes de conseguir el carné. Pero lo tengo.

Recuerdo la primera clase. Me impresionó. Estaba al mando del coche, con un volante que, con los nervios, ni siquiera sabía girar. Miraba a través de la ventana, los retrovisores, el volante, observaba los pedales, el freno de mano, incluso el techo… 

—¡¿Quieres arrancar ya?! —me gritó el profesor. 

En cuanto intenté poner la primera marcha, el coche se “caló”. El profesor me explicó dónde me había equivocado. Había levantado el embrague demasiado rápido. Lo volví a intentar dos o tres veces, y el coche comenzó a desplazarse. —Mete segunda —me dijo. Al intentarlo, de nuevo se “caló”. Y otra vez me explicó dónde me había equivocado.

Llegamos a una rotonda, y al girar calculé de forma errónea el ángulo de apertura, con lo que el profesor tuvo que intervenir. De nuevo, observé dónde estaba el error, y lo volví a intentar en la siguiente clase. Y así, hasta que la DGT expidió mi carné. 

Pero es que eso es el proceso de aprendizaje. Intentarlo, equivocarse, aprender, volverlo a intentar, volver a equivocarse, volver a aprender. 

A lo largo de este proceso iterativo formado por tres fases cíclicas, “intentar, equivocarse, aprender”, no solo puedo conducir, sino que aplicándolo he conseguido sacar mi carrera de ingeniería, trabajar, montar en bici, hacer un bizcocho de chocolate, impartir una conferencia, hacer la cama, instalar un antivirus, escribir este artículo, andar, entender la hora, leer el periódico, tocar el piano, poner la lavadora, y… todo, absolutamente todo lo que sé hacer. Y eso es emprender. 

Algo tan sencillo como eso, tan aplicado por todos en nuestras vidas, y tan rechazado por las empresas durante siglos. 

Las organizaciones deben emprender dado que aumenta la capacidad adaptativa, incrementa la generación de nuevos modelos de negocio, motiva a las personas (ambiente contenedor) y mantiene a la compañía ligada a la realidad de lo que está sucediendo (sensibilidad). Pero para emprender, las organizaciones deben aceptar el proceso mencionado, y la fase “equivocarse” forma parte del mismo. 

Equivocarse no es sinónimo de fracaso, sino de acercamiento al éxito. Cuanto más te equivocas, más cerca del éxito permaneces

Uno puede saber que hay que levantar el embrague lentamente, pero es necesario hacerlo más rápido de la cuenta y “calar” el coche para aprender con qué fuerza exacta hay que levantar el pedal.

La era digital es cambiante, dinámica, compleja y divergente. Es incierta, veloz, es ambigua y difícil. Se hace por tanto necesario implantar de una vez por todas un proceso emprendedor de descubrimiento de nuevos modelos, nuevas necesidades, nuevos clientes, nuevas costumbres, nuevas culturas. Hay compañías que disponen de la función emprendedora como una de las áreas clave de la compañía. Así como definen la dirección financiera, de marketing o de personas, agregan la dirección emprendedora. Otras organizan concursos de ideas innovadoras y otorgan medios para que los intraemprendedores desarrollen estas ideas.

En este seminario concluimos describiendo el motivo por el que las empresas deben ser más emprendedoras que nunca en esta nueva era, sustituyendo la palabra fracaso por la palabra intento, asumiendo el error como parte del éxito y fomentando entre sus empleados la actitud emprendedora.

 
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