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Las plataformas para el desarrollo rápido de aplicaciones y digitalización de procesos (también conocidas como soluciones lowcode) llegan con la promesa de proporcionar a las organizaciones una herramienta que permita materializar sus aplicaciones en menos tiempo y esfuerzo que el desarrollo tradicional, que permita a usuarios no-técnicos participar en la definición (incluso en algunos casos implementación) de los procesos, que resuelva parte del problema de escasez de perfiles técnicos altamente especializados, que proporciona en un solo lugar todo lo necesario para operar estas aplicaciones, y ofrecen facilidades para lograr una mejora continua.

Son muchas las ventajas que deberían posicionar estas soluciones como una de las palancas imprescindibles para mejorar en agilidad y velocidad, sin embargo, hay que tener otros aspectos en cuenta.

Como con cualquier decisión, se trata de identificar los puntos a favor y en contra, ponderarlos en función de los requisitos de cada compañía y enfrentarlos en la balanza para tomar finalmente esa decisión. Entre los aspectos que suelen pesar en contra de estas plataformas suelen estar principalmente tres: la capacidad técnica real, el coste de la inversión y la dependencia con el fabricante.

 

Capacidades técnicas

La primera cuestión a la que suelen enfrentarse las soluciones de lowcode es su capacidad técnica para implementar aplicaciones que resuelvan casos reales. Más allá de los casos sencillos los clientes necesitan resolver situaciones complejas y no quieren encontrarse limitados por las herramientas.

Pensamos muchas veces que construir la solución utilizando tecnología abierta nos da la libertad de construir sin restricciones, pero puede aumentar el riesgo de éxito de un proyecto al introducir tecnología más compleja, plazos de ejecución más largos o incluso necesidad de un equipo muy especializado. Implica aumentar la capacidad de las áreas de IT que supervisan los desarrollos, que diseñan artefactos reutilizables entre proyectos y que sientan las bases para un desarrollo según los estándares de la compañía.

Al trabajar sobre una plataforma estamos delegando responsabilidades y dejando que sea el fabricante quien se encargue de aspectos muy técnicos que pueden hacer perder el foco a un equipo de desarrollo. Para el fabricante ese es su propósito y es donde pone todo su esfuerzo y foco: en liberar a las áreas de IT de la complejidad técnica para centrarse en el desarrollo de la aplicación, devolviéndoles tiempo para trabajar con mayor eficiencia o para invertirlo en nuevos desarrollos.

No debería extrañarnos que en pleno siglo XXI existan herramientas que facilitan el desarrollo de aplicaciones para clientes, aplicaciones de gestión o digitalización de procesos utilizando entornos de desarrollo visuales. Esta traslación de la complejidad hacia el proveedor a cambio de acceso directo al valor ya lo hemos vivido con la Infraestructura como Servicio, y se repite ahora con el desarrollo de aplicaciones.

Las dudas sobre las capacidades técnicas son fácilmente resolubles simplemente dedicando tiempo por parte de las áreas de IT o arquitectura a conocer las plataformas y realizar demostraciones o incluso pruebas de concepto para disipar cuestiones muy íntimas de cada organización.

Aun así, plataformas como OutSystems son una realidad y pueden anticiparse con solo ver las referencias que las capacidades técnicas soportan casos de uso empresariales de todo tipo de complejidad.

 

Coste de la inversión

La siguiente gran pregunta suele ser el apartado económico, es decir, averiguar si el coste de la plataforma compensa los beneficios obtenidos, más aun teniendo en cuenta que suele tratase de un coste variable recurrente.

Normalmente estas plataformas funcionan por suscripción, sumándose así a la tendencia de ofrecer un servicio en lugar de un producto, como no podía ser de otra forma, ya que las plataformas solo tienen valor si están en constante mejora: incorporando nuevas funcionalidades, manteniendo la arquitectura subyacente, aplicando parches de seguridad, etc.

Así que este coste por suscripción debe entenderse como el alquiler de una plataforma que entrega novedades e innovación de forma continuada y será responsabilidad de los clientes sacar el mayor provecho de esta, y si lo hace, amortizará con creces la inversión.

La barrera económica puede despejarse rápidamente a través del clásico ejercicio de retorno de inversión, donde medimos el impacto de una iniciativa comparando el coste de realizar la inversión (por la suscripción y otras actividades propias de la adopción de la plataforma lowcode) frente a los beneficios resultantes gracias a la inversión y el tiempo necesario para recuperarla.

Este ejercicio debe tener en cuenta muchos aspectos donde la solución lowcode aporta beneficios que van desde los directos (como la reducción de equipos de trabajo para el desarrollo, reducción de esfuerzo en mantenimiento, reducción de actividades de arquitectura, etc.) y los indirectos (infraestructura incluida según el caso, coste de oportunidad derivado de una entrega más temprana, reciclaje de equipos técnicos para aprovechar su conocimiento funcional, etc.).

Aunque los casos de éxito pueden arrojar cifras de ROI por encima del 200% lo importante es que sea un ejercicio interno, hecho a la medida del cliente y con la participación del cliente porque no se trata tanto de encontrar el número que respalde la decisión, sino de interiorizar y creerse los beneficios que conseguirá con la adopción.


Dependencia del fabricante

Este es probablemente el punto más importante de la decisión. Los anteriores aspectos son fácilmente analizables y cuantificables, y un ejercicio honesto y detallado permitirá despejar rápidamente la duda sobre si la plataforma cubre técnicamente las expectativas y si el ROI es positivo.

Cuanto más se desarrolle sobre la plataforma más se potencian sus ventajas (equipo de desarrollo con experiencia, factoría de componentes reutilizables, plataforma integrada con el ecosistema del cliente, etc.) y más se amortiza la inversión, pero por otro lado más nos atamos al fabricante.

En este punto es necesario cambiar la forma de pensar y pasar a ver la plataforma como un socio tecnológico clave, en el que encontramos sinergias entre las compañías: mientras nosotros nos centramos en generar negocio, la plataforma de lowcode proporciona capacidades y asume la responsabilidad de darnos una solución escalable, flexible y segura. Como cualquier otro tipo de partnership se trata de una decisión importante en la que ambas partes pueden crecer mutuamente.

Aún así, el temor a esta dependencia es un riesgo que las organizaciones deben evaluar. La mejor forma de solucionar esto es encontrar un fabricante que confíe tanto en su producto y en el valor que entrega a sus clientes que esté dispuesto a entregar las aplicaciones (su código fuente limpio y estructurado) con procedimientos claros para realizar un desacople de la plataforma. De esta forma, si en futuro se decidiera no continuar con la relación, se produciría una separación controlada en la que el cliente podría continuar su vida con la tranquilidad de saber que la propiedad intelectual de sus aplicaciones es suya.
 
En BABEL llevamos años trabajando con soluciones lowcode como OutSystems porque realmente permiten a las organizaciones competir en tiempos consiguiendo desarrollar aplicaciones para clientes, partners o empleados que cuidan el diseño, el rendimiento y la escalabilidad de la solución, y con la tranquilidad de que los clientes tendrán siempre el control de sus aplicaciones.
 
Leopoldo Colorado
Leopoldo Colorado Perfil en Linkedin

Responsable de la Factoría de Iniciativas de BABEL.

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